En 2025, la economía marroquí ha registrado una progresión significativa, marcando una recuperación notable de la actividad nacional. Según las últimas estimaciones, el Producto Interior Bruto (PIB) ha mostrado un crecimiento del 4,4 % en el conjunto del año, un rendimiento que supera claramente los niveles moderados observados anteriormente. Este rebote está principalmente sostenido por una recuperación vigorosa de la demanda interna y una reactivación estratégica de la inversión, tanto pública como privada.
El año ha sido particularmente dinamizado por los preparativos relacionados con la organización de la CAN 2025 y las perspectivas de la Copa del Mundo 2030. Estos eventos de gran envergadura han servido como catalizadores para el sector de la construcción y obras públicas, así como para el transporte y la logística. El sector de los servicios, impulsado por un turismo en plena expansión y un comercio minorista resiliente, ha desempeñado un papel motor en esta dinámica. Paralelamente, Marruecos ha mantenido indicadores macroeconómicos sanos, con un déficit de la cuenta corriente contenido alrededor del 2,0 % del PIB y una estabilidad financiera global que refuerza la confianza de los inversores extranjeros.
El sector industrial y las infraestructuras de transporte continúan llevando la ambición del Reino. Al igual que la industria automovilística en años anteriores, el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura en 2025 ha permitido a Marruecos consolidar su papel de hub logístico regional. Este aumento de poder de los sectores estratégicos va acompañado de una mejora constante de los flujos de inversión, impulsados por una modernización económica acelerada.
A pesar de estos avances notables, el país sigue enfrentando desafíos estructurales importantes que matizan este balance positivo. El estrés hídrico persistente continúa pesando sobre el mundo rural, mientras que la creación de empleos sostenibles tiene dificultades para absorber toda la mano de obra, especialmente entre los jóvenes. Las disparidades territoriales y la necesidad de un mayor apoyo a las TPME (Muy Pequeñas, Pequeñas y Medianas Empresas) siguen siendo prioridades de reforma para garantizar que el crecimiento sea inclusivo y equitativo.
En resumen, el año 2025 confirma la resiliencia del modelo económico marroquí y su capacidad para movilizar nuevos motores de crecimiento. Si la coyuntura internacional se mantiene favorable, el mantenimiento de esta trayectoria positiva en 2026 dependerá de la capacidad del país para transformar estos rendimientos sectoriales en un desarrollo social sostenible y afrontar los desafíos relacionados con la soberanía hídrica.
